hundir los labios en agua, tocar con los dedos...
contamina mis ojos, retuerce mis pasos, predice mi juego.
Ya son asfixiantes las veces que maldigiero aquella leyenda extraurbana
que nos cuelga cabeza abajo, etiquetados al cuello:
¿qué comes? ¿qué guardas? ¿qué mientes? ¿qué callas?
¿Quién habla?
Dinos... ¡¿quién eres?!
Ahora es importante sostener la mirada, agarrar el aliento, sofocar las palabras,
y pensar.... pensar.... pensar en ello.
Un mal semblante podría ser pretexto, transformarte en nada, descalzarte antes de tiempo.
Cuida el jugo que derramas sin reparar en ello...
Dejar un camino de tierra... mal pulida, mal batida... sólo a modo de sendero.
Que huiremos tras tus pasos a colgar una soga en tu cuello...