No hay duda; No es ella.
Y, sin embargo, duele como si fuese más ella que nunca,
como si fuera la ella definitiva.
La que tus arrugas esperan desde que amaste a la primera ella a escondidas
y esta lucha fuese la última,
la que cierra el ciclo de desencanto que baila entre tus tobillos agotados.
Sabes que no es ella con la misma fuerza que ruegas que sea ella...
por fin...
"Que sea ella."
Caminas hacia sus ojos con la absurda esperanza
de poder arañarle la vida que sueñas,
darle aire y luz.
Derretir la cáscara hecha de días y llagas.
Aterrizar por fin en las entrañas
y encontrar dormido aquel sueño infantil:
"Eres mi princesa azul, porque yo soy tu princesa rosa."
Y todos tan felices,
comiendo pájaros que salen de nuestras cabezas
en un mundo de colorines colorados adornado con todas las canciones
que, sin conocerte, te he cantado.
No es ella.
Y ahora la besas con la misma piel con la que necesitas que lo sea.
Es una ella
a la que ni siquiera conoces,
a la que ni siquiera preguntas.
"Sólo sé lo que quiero que seas."